Monday, May 29, 2017

Han sido semanas muy turbulentas en Europa y en Estados Unidos. En estos días los medios han cubierto el efecto devastador de Trump en su visita relámpago por ese continente y el Oriente Medio. Quién, quiénes le habrán elaborado esta agenda, qué pretendían, quizá querían un tour contrastante para Trump y "hacerlo brillar" en el G7, pero les salió el tiro por la culata: cómo por aquí firmo un contrato millonario de armas con Arabia Saudita y por acá estrecho la mano del Papa, cómo acepto la invitación de Europa y ando echando pestes de los países anfitriones, cómo declaro eso de los alemanes o de Bruselas sin pestañear, todo ello aunado a lo que captó la prensa al vuelo. Algo muy desatinado. 
Entre tantos titulares de Mayo, los sobresalientes fueron Macron como el nuevo Presidente francés -a mi parecer, una bocanada de aire puro-; el humillante despido del Director del FBI, en medio de ácidas y amenazantes palabras de Trump, -por fortuna, como un cuarto poder que equilibra y defiende, como debe de ser, una democracia, la prensa norteamericana no ha dejado puntualmente de poner el dedo en la llaga, en su búsqueda de la verdad sobre si hubo ingerencia  rusa en las elecciones norteamericanas a favor de Trump y su conexión, ojalá esas "suposiciones", como diría Putin, sean confirmadas y se proceda por consiguiente a las acciones; aunque también hay límites, como lo ocurrido tras el acto terrorista en Manchester, y la publicación de las fotos del artefacto explosivo-; y esa atmósfera de inquietud de buena parte de los británicos por los efectos del Brexit, previa a los lamentables y dolorosos hechos de la semana pasada. Como agregado, por acá, la "amenaza" de una inminente renegociación del Tratado de Libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y  México; después de probar en vivo y a todo color un poco del nada sutil y gandallesco modo de negociar de Trump y sus secuaces, occidente sabrá a qué se enfrenta Canadá y México, sobre todo México.
Vuelvo sobre los europeos. Ante el proceder de Trump, ante el Brexit, las palabras de Merkel suenan   a estas alturas más que coherentes, sobre el hecho de que los europeos deben tomar el destino entre sus manos, y de que en estos últimos días se ha dado cuenta que ya no se puede confiar en los aliados. Y es que esas declaraciones lamentables de Trump, fuera de lugar, de tono, de carencia diplomática, hacen más daño que bien a su país, marcan un estilo que no engloba la opinión de sus conciudadanos, está en guerra con todo mundo, no quiere colaboración con los otros sino sumisión y encima desea poner candados para protegerse, pero el que los pone debe saber que no puede esperar sino lo mismo por parte de los otros, con la diferencia de la lección que da Europa, enfrentando los problemas del terrorismo sin dejar de lado el respeto a las diferencias -lo que hasta hace poco se admiraba de Estados Unidos- y por supuesto, a los derechos humanos.
Sí, la política puede ser miserable o luminosa, como se le quiera ver en estos días sombríos por el terrorismo, el narco, la corrupción...

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