Monday, January 16, 2006

En este caso no es válido decir "como buena mexicana", sino más bien como alguien que deja casi siempre todo a la última hora, fui ayer con Juan al IFE para tramitar el cambio de domicilio, y así poder ejercer más adelante, con credencial en mano, el derecho al voto. Un filón, claro- pero lo valió, porque una cosa es que uno no quiera votar porque de todos los candidatos no se hace uno y otra es que otros suplanten ese derecho a votar valiéndose de artimañas electoreras-.
Unos jóvenes del IFE se desplazaban por la fila preguntando sobre los trámites a realizar y la documentación. Le dije a uno de ellos que en las elecciones pasadas para elegir gobernador, no había podido votar porque no me encontraron en la lista del módulo que me correspondía; gentilmente me pidió mi credencial y fue a revisar en el sistema. Al regresar me dijo que estaba dada de baja la credencial porque había realizado un trámite no permitido en Aguascalientes; se me quedó viendo con detenimiento y preguntó si no tenía una hermana gemela allá en el Municipio Libre, porque en el sistema dijo que aparecía casi todo igual, el número de folio, mi otra yo, sólo que con una blusa morada. Me sentí como en un programa de dimensión desconocida, con sonsonete incluído: laralara-laralara-laralara...Le juré que nunca he estado en Aguascalientes, y mi hermana, que no es mi gemela aunque últimamente allá en Alamo cómo me han confundido con ella, tiene su registro en Tampico, si es que no lo ha cambiado ya. Entonces me dijo que para evitar toda confusión con el número de folio -y que esa "Sandra Angélica" de Aguascalientes con el mismo número de folio no me suplante- me pidió que tramitara el cambio de domicilio y así tendría un folio distinto. Le cuestioné si esto traería consecuencias jurídicas -porque independientemente de que por esa "persona" no pude votar, si ésta comete un delito, digamos homicidio, y rastrean sus datos a nivel nacional; ahí está la pazguata de Sandra- y me aseguró que no. No le objeté.
No me agradó para nada saber todo esto. Es inquietante. Cuántos casos no habrá así y uno tranquilo confiando en que salvaguardan el sistema los defensores de la democracia. Quiénes son esos que se atreven a meterse a éste para cambiar entre los electores el color de blusa o camisa, o quizá poner unos bigotes a un lampiño o pintar de rojo unos labios rosa, et voilà, dan vida a ciudadanos virtuales cuya tarjeta puede ser utilizada por alguien más quien votará dos veces el día de las elecciones. No sé. Esto deja mucho qué pensar.
Es muy cómodo suplantar o copiar; por ahí alguien, no sé cómo, pudo tomar los datos de mi registro en blogger y a su vez darlos de alta en bitácoras.com. en el 2005 con fecha mayo de 2004. Por lo visto es muy fácil hacerlo.

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