Ellos quieren echar una bardita como si se estuviera tratando aquí de dos propietarios: echo la barda porque una rama rebasa mi línea y cae la hojarasca de este lado, porque ya no soporto a mi vecino por escandaloso o porque que es de lo peor, o simplemente porque así se me da la gana, además es mi derecho, y defiende mi privacidad; pero estamos hablando de países.
Recuerdo que tenía un vecino muy querido, se llamaba Amarildo. Era un güero larguirucho y muy locuaz. Era de la generación de mi hermana; no era de la simpatía de ella, aún así participó en algunos de los juegos. Yo lo seguía mucho, y es que lo que me llamaba la atención era que tenía mucha inventiva y me hacía reír. En una ocasión, creo que ya lo conté en este blog, él me enseñó su libreta y sus planes del futuro, decía que iba a ser Presidente de la República Mexicana, y que ya estando en el poder iba a poner en marcha con aprobación del Congreso de la Unión, la colocación de un escudo invisible sobre territorio nacional para protegerse de posibles ataques, sobre todo del vecino. Esa idea me parecía fabulosa. Con el tiempo Amarildo se fue a los Angeles y se olvidó de todos sus planes para buscar un sueño diferente; sólo regresó para despedirse de los suyos y morir allá, en Estados Unidos. Me hubiese gustado quedarme con la copia de tu proyecto, Amarildo.
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