Thursday, December 08, 2005

A la hora de la comida fui a comer en un puesto que se llama Salomón. Me gusta sentarme en el banquillo para ver cómo despachan la comida. Un clima templado, sin lluvia: agradable. Luego me fui a comprar un lechero a un negocio que es fotocopiadora, internet y café; es ahí, cuando puedo, donde me pongo a corregir, a leer o a escribir en este blog. Salí con un café calientísimo. Doblé Telégrafos y más adelante un muchacho me rebasó pero sin dejar de mirarme, al principio me destanteó, pero no sé por qué no le quité tampoco la vista, normalmente no hago eso, me parece un poco estúpido, aunque claro, a veces es necesaria la estupidez. El chico era como de unos 19 o 20 años, tipo mara, camiseta sin mangas con una chaqueta cayéndosele de los hombros, y sus manos en los bolsillos del pantalón. Tenía una belleza salvajona- por estos lares vulgarmente le llamarían carne del monte-. Llegó el momento en que de plano levanté ligeramente el mentón, como diciéndole qué pasó, qué traes, qué onda, qué jais, qué pedo, qué pez...y él entonces miró hacia el frente y levantó su brazo derecho en señal de despedida, pero luego antes de cruzar la avenida, volteó de nuevo.

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